En una reciente columna publicada en Diario El Sur, la Dra. Edilia Jaque Castillo comparte una reflexión profunda sobre cómo territorios tan distantes como Galicia y el Biobío comparten una similitud: la expansión del monocultivo forestal y sus consecuencias sobre el paisaje, las comunidades y la vida.
A partir de su experiencia en terreno en el norte peninsular, la Dra. Jaque observa cómo la expansión del eucalipto en tierras agrícolas ancestrales ha ido desplazando los equilibrios ecológicos, afectando tanto los paisajes rurales como los patrimonios culturales. Una problemática que también conoce de cerca desde el Biobío, donde los incendios forestales han arrasado más de 436.000 hectáreas en la última década.
La Dra. Jaque insiste en una idea clave: el riesgo no es solo producto del azar o del clima. Es el resultado directo de decisiones territoriales. “En la ecuación final del riesgo de incendios forestales, el principal factor no es el clima ni el azar: es la expansión de los monocultivos”, señala.
Frente a este escenario, la Dra. Jaque plantea que no es posible hablar de prevención si no hablamos de desarrollo también. Que no se puede separar la gestión del riesgo de la forma en que ocupamos el territorio. Y que la memoria (la que muchas veces se diluye entre estaciones del año o catástrofes sucesivas) es fundamental: lo que se quema en verano sigue afectando en invierno. La vulnerabilidad, advierte, no es un accidente: se acumula, se hereda y se reproduce cuando no se abordan las causas de fondo.
Para leer la columna completa, consultar la edición del pasado 29 de junio de Diario El Sur.